10 de abril de 2010
Hoy me doy cuenta que tu ya no estás, antes solo eran palabras que quería decirme, hoy es una realidad.
El chico que conocí una tarde, que era tímido pero muy espabilado, que me miraba como un corderito, que me amaba con locura, el chico con el que yo crecí, maduré, me hice mujer, el chico que besé un millón de veces y nunca me cansé, el niño con el que jugué a enamorarme, creímos ser mayores soñando nuestra vida compartida, sin saber lo que nos quedaba por vivir, el amor con el me sentí princesa y deseada, con el que descubrí mi lado más salvaje, con el que imaginé que si mi cuerpo y el suyo se complementaban tanto era por una razón cósmica. El hombre que estaba allí cuando me caía, que me enseñó a ser la mujer fuerte que había en mí, que me enamoraba cada día, que me hacía reír, que suspiraba por tocarme, y al que animé como a nadie a seguir un camino, que con total certeza, le alejaría de mí, pero le acercaría hacia si mismo.
Ese chico de mirada distraída, de memoria de pez, de mono loco, de hombre que ayuda a su familia a pesar de todo, ese niño que se acurrucaba en mi cama pidiéndome un abrazo, o me acunaba en sus brazos, o me calmaba mis dolores con solo tocarme, o me decía te quiero más de mil veces y que yo le agradecía dos mil. Ese niño que me ayudaba en todo, me hacía favores y era capaz de hacer 700 Km. con tal de ver mi cara, ese hombre travieso al que le preparé juegos para adultos, por que me encantaba dominarle. Ese chico que miró a su familia de frente y luchó por lo que creía, y yo me sentí tan enormemente orgullosa. Ese chico al que no le gustaba nada llorar porque se siente vulnerable, pero conmigo era con la única que se atrevía. Ese chico que me llamaba todas las noches para decirme te quiero, y estar más cerca de mí.
Por ese chico que se me cruzó una tarde yo soy quien soy, una mujer valiente, que he visto los mil caminos que todos podemos recorrer, que solo es la lucha lo que cuenta, que podemos ser e ir hacía donde queramos, porque nosotros elegimos.
Pero ese niño se desvaneció con el tiempo y ya poco queda de él.
Y la mujer que soy acaba de darse cuenta que nunca jamás le volverá a ver y que yo nunca seré la niña que fui, esos niños murieron juntos, poco a poco, les mato el olvido, la desgana, y el tiempo.
Así que hoy sufro dos duelos; por el niño que fuiste y la niña que fui.
Pero ellos quedarán en nuestra memoria.
sábado, 10 de abril de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
